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El lambrusco: amantes, enemigos, imitadores

14-02-2019

Lambrusco

Cuidado con la trampa

 

El lambrusco es probablemente el vino más famoso del país de Dante, Miguel Ángel y Fellini, pero al mismo tiempo es quizá uno de los productos vinícolas más aborrecidos a nivel internacional. Muchos hemos oído opiniones equiparando con una especie de burdo “tinto de verano italiano”. Pero ¿cuánto hay de verdad en esto?

 

Hay que tener en cuenta que, a rebufo del mucho éxito de este espumoso, han surgido por doquier falsificaciones e imitaciones, cada una aún más torpe que la anterior. No hay que dejarse cegar por esos fraudes vinícolas. Han surgido a remolque del bajo precio del Lambrusco y su gran aceptación.

 

Numerosos incautos compran determinados lambruscos en el Lidl, Mercadona, Ahorramás, Alcampo o Carrefour, sin finarse realmente en lo que están adquiriendo. Y muchas veces se topan con que ese vino es de imitación: ni es de la región originaria de este caldo –la Emilia-Romaña-, ni elaborado con la variedad de uva autóctona, ni su espuma y aguja proceden de la fermentación natural como ha de ser, y a menudo ni tan siquiera es italiano.

 

Aunque cabe añadir que muchos de estos remedos proceden de otras zonas de la propia Italia. Son muchos, italianos incluidos, los que desean aprovecharse del gran eco popular del vino frizzante.

 

Historia y raíces de un vino único

Lambrusco es el nombre tanto de la variedad de uva tinta (romañola y lombarda) como del propio caldo.

 

Curiosamente, se trata de un vino de una antigüedad remota y nebulosa. Según evidencias arqueológicas, ya la misteriosa civilización etrusca –de origen neolítico, anterior a Roma y cuyo idioma apenas se conoce tampoco- cultivaba este tipo de uva. Crecía en una vid salvaje, que crecía en principio sin necesidad de cultivo, por lo extraordinariamente fértil que es el suelo de la zona. En la era de los romanos, se cosechaba en grandes cantidades, pues se consumía masivamente. Entonces se conocía con el nombre de Labrusca vitis.

 

Esta uva fue introducida en la Argentina por la primera expedición salesiana que llegó a la región mendocina, y a día de hoy el país sudamericano es el segundo productor de Lambrusco (con la misma variedad de uva específica) a nivel mundial.

 

En la década de los 70, fue el vino más comercializado en los Estados Unidos, con hasta 13 millones de cajas vendidas. Actualmente, es uno de los vinos más vendidos del planeta.

 

¿Es el lambrusco un vino de baja calidad?

Sobre todo, en su variedad tinta, se considera el vino que mejor combina con la pasta y con algunos otros platos de la gastronomía ítala como estofados y carnes, incluso carnes frías y embutidos.

 

Existen tres variedades de Lambrusco: rosso o tinto, rosado, y blanco.  También se vende el llamado Lambrusco amabile, tinto dulce. En nuestros días, se comercializan incluso modalidades sin alcohol. Además, existen diversas variedades según las zonas de producción (Castelvetro, Sorbara, Santa Croce…), si bien la denominación de origen es romañola.

 

Como clara muestra de su prestigio internacional, en enero de 2016 tres marcas de Lambrusco ganaron medallas de plata en el International Wine Guide Award. Según todo parece indicar, el descrédito de este caldo a los ojos de muchos se debe fundamentalmente a las numerosas imitaciones. Los plagiarios desvirtúan al original, como suele decirse.

 

Pero si sabemos buscar, en los mismos supermercados podemos encontrar algunos lambruscos genuinos a un precio asequible. En el Carrefour, Alcampo, Día, Mercadona, Lidl, Ahorramás, también podemos encontrarnos marcas genuinas y a bajo precio, como Palazzo Vecchio, Medici Ermete, o algunos otros de cierto prestigio.

 

Como en todo hay que saber elegir, de ahí que los internautas y foreros estén informando al avispado sobre los mejores lambruscos de los supermercados de barrio. El más espabilado y perspicaz puede salir ganando, granjeándose un buen vino refrescante a bajo precio.