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La comida en la historia argentina de Daniel Balmaceda.

comida en la historia argentina

Esta semana, nos ha llamado la atención un libro cuyo título se acopla al nuestro de tal forma que nos ayuda, casi de forma inconsciente, a agrandar nuestro apellido. “La comida en la historia argentina” de Daniel Balmaceda, es un atlas literario de lo que nos ha llevado a estar donde estamos: un viaje desde los más profundos mitos y leyendas de la comida de nuestros orígenes.

Empanadas, locros y chivitos. ¿De dónde proceden? El volumen pretende hacernos una imagen de la vida de los platos más característicos del país argentino mediante historias y anécdotas que involucran desde pioneros como Noel, Saint o Magnasco hasta grandes personajes de nuestra historia.

Entre sus líneas te llevarás sorpresas. ¿Sabías que el dulce de leche podría no ser argentino sino asiático? El gramajo, ¿fue realmente una creación de Julio Roca? ¿Cuál era el postre preferido de Borges? ¿De dónde procede el pacho, de Francia o de algún otro lugar? Preguntas y respuestas y, como no, recetas sorprendentes, que te harán conocen más a fondo la historia de nuestra inconfundible gastronomía argentina.

Fragmento

INTRODUCCIÓN

Entre las mañas que cada uno de los escritores tenemos, hay una que recordé en cuanto empecé a escribir esta introducción. Evito comenzar un texto con la palabra “no”. Por eso, una reacción interna frenó mi impulso de comenzar escribiendo algo que a esta altura del párrafo puedo decir sin problemas: no sé cocinar. Mejor dicho, sé resolver el básico de supervivencia, pero nada más. En contraposición, me encanta la comida. Por lo tanto, este libro no ha sido escrito por un experto, sino por un fanático.

Ocurrió algo inesperado, y a la vez interesante, mientras escribía La comida en la historia argentina. Desde hace un par de años, cuando comencé a investigar, cada vez que alguien me preguntaba sobre qué estaba trabajando, mi respuesta generaba reacciones muy disímiles. Algunos me entregaron recetas. Otros me reclamaron la presencia de determinado plato tradicional. Hubo quienes me contaron que en su casa se comía búho o que las empanadas llevan trece repulgues, que para revolver los dulces se usa palo de higuera, que los alfajores son santafesinos, que los alfajores son cordobeses, que el chimichurri se llama de esa manera porque un inglés dijo “Give me the curry”, que el queso y dulce se llama “Martín Fierro”, que la milanesa napolitana nació en el bar Nápoli, que los sorrentinos los inventó Felucho Sorrentino.

Se percibía la pasión por las cuestiones gastronómicas y el inestimable deseo de colaborar. Aprovechando el entusiasmo, consulté a amigos de las provincias por sus empanadas. ¿Cómo es la clásica empanada salteña? ¿Y la tucumana? ¿Y la correntina, la santiagueña, la cordobesa, la jujeña? Terminé teniendo tantas empanadas tucumanas como tucumanos consultados. Lo mismo en el resto de las provincias. O tantas tabletas mendocinas como mendocinos entrevistados. Es una muy buena lección que me dejaron los sondeos. Cada región, provincia o inclusive ciudad defiende con celo su comida. Así como cada cual tiene su versión sobre estos asuntos, me permito ofrecer la mía en este libro.