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Picada Argentina, un clásico para las reuniones en casa

Picada Argentina, un clásico para las reuniones en casa

La picada argentina es uno de los platos (y costumbres) más presentes en la gastronomía y la vida cotidiana del argentino. Al igual que en España gustamos de las tapas y raciones como aperitivo de una buena comida o de la cena, en el país de Cortázar, Borges y Maradona la picadita, como se la conoce popular y cariñosamente, es un clásico de las reuniones sociales.

 

Como a tantos otros platos usuales de la gastronomía nacional de este país rioplatense, a la picadita argentina se le atribuye un origen histórico-anecdótico muy curioso e interesante: el historiador y periodista Héctor Nicolás Zinni, autor de la ilustrativa monografía El maní en la cocina criolla, asegura que el incidente que dio lugar a esta tradición autóctona tuvo lugar allá por 1896.

 

Ese año llegó a Rosario el diplomático inglés John William Beresford, por cierto que sobrino nieto del, para los argentinos, tristemente célebre general William Beresford, que acaudilló las tropas de Albión que invadieron tan extenso país en el siglo XIX y se apropiaron finalmente de las islas Malvinas o Falkland. La cocinera Quintina Pereyra troceó minuciosamente los ingredientes para el plato conocido como locro, guiso indoamericano de origen precolombino que se compone de varios ingredientes troceados junto con maíz y patatas, y los dejó preparados en platos distintos para luego cocinarlos juntos. No obstante Beresford, acuciado por el hambre, atacó tales platos junto con una buena bebida y los bautizó como pickles: vocablo que designa los pepinillos, pero que también puede referirse a lo que en España denominamos picoteo. Sea como fuere, también hay que recalcar que los pepinillos son ingrediente muy usual en la picadita.

 

Otros remontan tales orígenes al incierto y remoto nacimiento de las tapas españolas: se supone que por una disposición regia de Alfonso X el Sabio, se prohibió servir bebida en los mesones sin acompañamiento, para así evitar las borracheras provocadas por el estómago vacío. Otros remontan las tapas a la fruslería que servían los hispanomusulmanes andalusíes con el té, o bien a una costumbre instituida por el Nefasto rey absoluto Fernando VII. Sin embargo, hay quien cree que la picadita entronca con el antipasto italiano, y que se origina a finales del siglo XIX precisamente por la masiva afluencia de inmigración ítala al país en esas calendas, inmigración que tan decisiva impronta ha dejado en el ser nacional.

 

La picada argentina suele incluir lo siguiente:

 

  • Quesos de diversos tipos (por ejemplo, emmenthal, queso fontina, brie, etc) y de sabores variados en intensidad.
  • Fiambres como chorizos o salamines (salami).
  • Ahumados varios.
  • Jamones de varia índole.
  • A veces, también vegetales, fundamentalmente hortalizas.
  • Pepinillos a la vinagreta. Muy habituales, como ya hemos apuntado.

 

Las picaditas argentinas son un plato eminentemente social, que ha de ser consumido por un mínimo de dos comensales. Hay desde picadas pequeñas, para 2, 3 o 4 comensales, hasta picadas grandes, para, por ejemplo, 12 personas. Los tipos de picada también se definen por sus dispares ingredientes esenciales, dentro de su abigarrada diversidad característica: así, las hay de queso y fiambres (que entremezclan quesos variados con salamines, chorizos, etc), la picada Buller o de fritos como aros de cebolla, patatas deluxe, empanados (y también su acompañamiento de pepinillos, queso) -esta última es muy habitual en las recientes cervecerías artesanas que se han ido abriendo en los últimos años por toda la Argentina-; de fiambres patagónicos; exclusivamente de quesos; de mariscos; etc.

 

La picada argentina es un entrante contundente y apetecible, tan presente en la comida nacional, como suculento para los visitantes que por vez primera degustan la gastronomía del país de las pampas.